Este sueño y propuesta comienza a gestarse desde el malestar y desazón que venimos sintiendo en los universos del educar – social y comunitario- que escogimos habitar. El Movimiento Pingüino en Chile (2006) y las movilizaciones estudiantiles de 2011, si bien capitalizaron este malestar y desesperanza de una educación sin norte, no se tradujeron en procesos de reflexión y transformación a nivel nacional que materializara el sueño y urgencia de una educación de calidad, justa, no sexista e inclusiva de las diversidades culturales e identitarias. Hoy comprendemos que ese descontento, que siguió resonando, es más amplio, profundo y poderoso. Estas revueltas en lo educativo resultaban ser un síntoma de la crisis nacional de un modelo económico, político y social –sustentado en la Constitución política de 1980 y posibilitado por la dictadura iniciada en 1973. Esto se ha materializado en una sociedad violentamente desigual, fragmentada, deshumanizada y custodiada por una élite política- económica, que continúa cerrando filas a cualquier posibilidad de transformación profunda. La desazón fue acumulándose y mutando en rabia, que superó los límites de las orgánicas políticas, convirtiéndose en la voz de amplias mayorías, como sucedió con el mayo feminista en 2018, que cuestionó, desde la fuerza de sus luchas históricas, el patriarcado que naturaliza la inequidad y violencia en contra de las mujeres, diversidades y disidencias. El volcán finalmente explotó en octubre de 2019 e hizo posible lo impensado: encontrarnos hoy en medio de un proceso constituyente, que busca redistribuir el poder, restituir y otorgar derechos plenos, sentando las bases para imaginar una sociedad justa, plural para todes.
Este Modelo económico- político en cuestión ha generado un sistema educativo nacional coherente a esta misma lógica. Por eso, desde allí, preguntamos ¿para qué se educa? pues nos ayuda a profundizar la comprensión de los universos del aprender y ser aprendices en diversos espacios y tiempos. Si bien en los discursos y textos se declara que niñes y jóvenes deben ser protagonistas del aprendizaje, en la práctica los espacios formativos se orientan a lograr resultados, metas, potenciar habilidades y competencias más que saberes, los que suelen limitar y desconocer al ser humano integral. En los pasillos y aulas se tornan invisibles los sueños, saberes y potencialidades infinitas, entretejidas con dolores, injusticias, pobreza, exclusión, violencia, abandono o muerte. Les niñes, jóvenes, familias y profes se convierten en fragmentos, y sólo algunas de estas piezas tienen cabida en las trayectorias formativas. Cuerpos, sexualidades, emociones y maneras de ser diversas, en un sin fin de vivencias luminosas y oscuras son expulsadas. Los contenidos educativos suelen ignorar sus anhelos más profundos, su necesidad de jugar, asombrarse, explorar, descubrir y descubrirse, crear, imaginar, ser felices y apasionarse con la vida y sus posibilidades. Habitamos espacios grises, ajenos, predecibles, distantes de la vida misma, de sus posibilidades y urgencias.
Los sistemas y espacios educativos- dentro y fuera de las aulas y escuelas-, al funcionar como pilares del sistema neoliberal, no se estructuran para oír, mirar ni comprender el abanico humano que habita sus espacios. El sistema formativo al deshumanizarse niega, esconde o castiga lo diverso, lo cuestionador, lo ancestral, la multiplicidad de identidades, culturas y posibles formas del ser, conocer, hacer y estar juntes. Generaciones de niñes y jóvenes no se han reconocido en estos espacios. Elles, ni quienes dan vida a estos universos escuchan allí sus voces, sus cuerpos, sus emociones, sus propias ideas o fantasías, sus almas ansiosas por descubrir y descubrirse diversos y/o disidentes, por asombrarse y enamorarse de lo que pueden llegar a ser, conocer o sentipensar. No sólo la humanidad ha sido expulsada de la educación, también la totalidad de existencias, la naturaleza en su plenitud, los universos animales y universos vegetales parecen ajenos o extranjeres en lo educativo.
Hoy, en noviembre de 2022 desde estas esperanzas, Espacio Anümkan tiene aún más sentido. Esperanzas, a pesar de que una gran mayoría de votantes rechazó la propuesta de una Nueva Constitución, que tenía la intencionalidad de una educación transformadora. Desde nuestro trabajo creemos fundamental preguntarnos y escuchar, como diría Paulo Freire, las razones- emociones tras estos resultados, buscando comprender su complejidad y profundidad. Plantearnos preguntas y escuchar las voces de las diversidades, será por ahora nuestra estrategia.



